Oraciones milagrosas de serenidad

Las oraciones milagrosas de serenidad son para la vida de los cristiano como un rocío de bendiciones. Una gracia que nos permite enfrentar las adversidades que nos depara el día a día. Además, llena el espíritu de un inmenso poder y nos reubica en el propósito de nuestra existencia.

Su efecto sanador es realmente divino y poco a poco no revitaliza el alma. Dándonos la fuerza y el ímpetu que necesitamos para continuar nuestros caminos. Una senda que está dirigida al destino que Dios deparó para nosotros.

Estas oraciones milagrosas de serenidad podemos emplearlas cuando nos sintamos abandonados o desesperanzados. Para pedir a nuestro Dios eterno que nos tome en sus brazos y nos impulse para levantarnos y avanzar.

Poner en práctica alguna oración de serenidad implica dejar a Dios que obre y sea ese bálsamo que necesita tu vida para seguir adelante. Lo mejor de todo es que nos sumergimos en el amor de Cristo nuestro Señor. Para que nada nos turbe, aflija o desmaye.

Primera Oración

Amado Jesús mío, tú que eres fuente de bondad y amor puro. Concédeme la gracia de tu serenidad para asumir con humildad las adversidades que me depare la vida. Y contigo poder enfrentarlas de la mejor manera a través de tu divina misericordia.

Dame el poder de tu sabiduría para entender que cada cosa vivida son solo el eco de todo lo bueno que has guardado para mí.

Dame serenidad Señor, para que las piedras que consiga en mi camino no obstaculicen mi destino. De este modo, poder sortearlas de la mejor manera a fin de disfrutar de tu gracia y tu amor.

Gracias mi amado Jesús porque sé que de ti llegará la serenidad que necesito para actuar con diligencia ante las situaciones que debo enfrentar.

Porque en tu amor me fortalezco y me hago discípulo de tu palabra. Para proclamar al mundo las maravillas de tu amor y de tu poder. Amén.

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Segunda Oración

Dios Padre bueno y eterno, a ti que eres fuente de sabiduría y fortaleza pura. Hoy vengo a tu presencia a solicitar tu amparo y tu misericordia.

Escucha a este hijo tuyo que hoy viene humilde a pedirte inundes su vida de serenidad. A fin de poder aceptar todas aquellas cosas que no son de mi facultad y poder cambiar.

Señor tú que eres Todopoderoso dame el ímpetu que necesito para transformar las cosas que me son posibles y aquellas que no, a fin de que sean de agrado para ti.

Dame la serenidad que necesito para identificar con sabiduría lo que es bueno o perjudicial para mi vida y apartarme de aquello que pueda lastimarme.

Señor, quiero vivir en tu paz y convertirme en la huella imborrable en la vida de mis hermanos. Para que por medio de mis labios conozcan de tu grandeza y de tu gloria.

Gracias por estar siempre presente en mi vida y guiarme por las sendas correctas. Amén.

Tercera Oración

¡Oh! Piadoso Jesucristo, tú que ves desde lo alto a estos hijos tuyos por quienes entregaste la vida y derramaste tu sangre.

Escucha a este hijo que hoy suplica vuelvas tus ojos llenos de amor y compasión. Dale tu auxilio en lo que ha de solicitarte.

Te pido serenidad mi amado Rey, para poder vivir en armonía cada una de las experiencias que han de llegar a mi vida.

Para que guiado por tu amor, pueda vivir cada día disfrutando uno a uno de los momentos que has dispuesto para mí. Y que con ellos, pueda crecer como ser humano y digno hijo tuyo.

Dame serenidad mi Señor, para que pueda caminar en paz entre mis hermanos. Y con ello, ser fuente de amor y compasión para quienes necesiten escuchar tu nombre.

Gracias mi glorioso Jesucristo porque sé que has de dirigir mi destino y alcanzaré ver la luz de tu rostro. Amén.